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sábado, 7 de noviembre de 2020

Acompañamiento en el duelo


Por: Mtro. Arturo Salcedo Palacios


A continuación, mencionamos algunas etapas en el proceso de duelo:

 Nos enfermamos físicamente

Muchas veces, un síntoma que manifiesta la pérdida o el duelo es el dolor físico o una enfermedad específica; es decir, somatizamos nuestro estado de ánimo. Algunas de las sensaciones corporales más comunes son náuseas, palpitaciones, opresión en la garganta, dolor en la nuca o en la cabeza; nudo en el estómago, pérdida del apetito, insomnio o dormir de más; fatiga, sensación de falta de aire, punzadas en el pecho, pérdida de fuerzas, dolor de espalda o cuello, hipersensibilidad al ruido, visión borrosa...

Existe una relación estrecha entre la enfermedad y la forma en que vivimos el duelo. A menos que alguien la ayude a superar sus problemas emocionales, como un «cuidador» –un buen amigo, un familiar, un grupo de apoyo–, probablemente continuará físicamente enferma. La medicina difícilmente será la solución, cuando lo que duele es el alma. En este contexto de dolor físico, los fármacos aparentemente hacen efecto por un tiempo, pero el síntoma regresa y regresa. Biológicamente no hay diagnóstico, pero estamos enfermos: es una forma de esconder la hostilidad, la culpa, el coraje y los resentimientos causados por el duelo.

Es necesario revisar lo que nos sucede, canalizarlo y recurrir a la persona apropiada o a un grupo de apoyo que nos ayude a reencontrar el sentido de nuestra vida. La Sra. García debe ser ayudada a entender el origen de sus males y, sobre todo, debe ser apoyada para trabajar sus sentimientos de pérdida.

 

Podemos sentirnos muy asustados

Es posible sentir mucho miedo, debido a que no podemos pensar en otra cosa que no sea la pérdida, y sentirnos atrapados en el miedo al futuro: cómo continuar sin lo perdido. Esto nos resta efectividad en todo lo que hacemos y, hasta cierto punto, nos paraliza. Nuestro trabajo lo resiente y dejamos de ser productivos, incluso podemos preguntarnos sobre nuestra salud mental, porque lo que estamos viviendo afecta nuestra capacidad de concentración; cuando la gente nos pregunta algo, no lo registramos y normalmente la respuesta es: «¿qué dijiste?»

 

Pasa por nuestra mente cantidad de pensamientos desagradables que nos distrae de nuestra realidad, aunque debemos saber que la dificultad de concentración y el estar nuestra mente fija en lo que perdimos más que en el ‘aquí’ y ‘ahora’, es parte natural del proceso, sobre todo al inicio del duelo, hasta que, poco a poco, vamos reasumiendo nuestras actividades cotidianas, aceptando que lo perdido ya no está, que se fue para siempre; sobre todo en el caso de la muerte de un ser querido o un divorcio.

 

En esta etapa, lo importante es darnos cuenta que los miedos son parte de la crisis y no asustarnos gratuitamente de sentirnos como nos sentimos; no debemos permitir que el miedo a lo desconocido se convierta en pánico. No debe sorprendernos el hecho de estar viviendo algo que, quizás, nunca habíamos experimentado, y que ello nos provoque desesperación interior. Incluso sentir que nos volvemos locos es una de las trampas que el duelo hace aparecer en nuestra mente.

 

Para avanzar en nuestro proceso, debemos estar muy abiertos a las relaciones humanas: amigos, familia, «cuidador»; incluso a relaciones nuevas y diferentes, como los grupos de terapia donde encontraremos personas que están «en el mismo barco», viviendo la misma experiencia que nosotros. Aunque la tentación sea encerrarnos y quedarnos solos, debemos hacer un esfuerzo por movernos, avanzando en nuestro duelo; lo mismo debemos hacer con los malos pensamientos: no aceptarlos pasivamente, sino intentar cambiarlos en nuevas ideas, más sanas y positivas. No se vale quedarnos nada más revolcándonos en nuestra melancolía, en nuestra tristeza y abatimiento.

 

Sentimiento de culpa

Al hablar del sentimiento de culpa, lo primero que necesitamos hacer es aprender a distinguir entre la culpa normal y la culpa neurótica. La primera es cuando hemos sido negligentes o hacemos algo que transgrede los valores de nuestra sociedad, nuestra familia o nuestra religión. La segunda es cuando experimentamos una culpa desproporcionada o inventada.

Cuando sufrimos la muerte de un ser querido y sabemos que en vida nos equivocamos con él o ella, que dejamos de hacer cosas que estaban a nuestro alcance para mejorar nuestra relación, que nuestras actitudes lastimaron a tal persona; que fuimos injustos, peleamos y ofendimos, es natural sentir una culpa real y arrepentirse por lo sucedido. «Sé que he pecado de pensamiento, palabra, obra u omisión» y trato de abrirme a la gracia de Dios, mediante la oración y la Confesión, después de un genuino arrepentimiento y aceptando su perdón, que me lleva a una honesta reconciliación.

Si, por el contrario, agrando el hecho y lo distorsiono, y se convierte en algo inmanejable, ya hablamos de una culpa neurótica. Por ejemplo:

La culpa neurótica nos engancha con una situación desproporcionada, fuera de lo real, y la convierte en algo que nadie nos puede perdonar, ni Dios. Necesitamos hablarlo con alguien que nos ayude a entender nuestros límites como seres humanos. Tal culpa no es más que un mecanismo de evasión que nos bloquea en nuestro proceso de duelo. Algo similar sucede con las blasfemias: al cegarnos por la ira del dolor, inventamos un Dios injusto, cruel, que no existe y, al reaccionar de nuestra pelea con Él, normalmente nos sentimos miserables, ruines, sin redención, lo que da lugar a una especia de autolinchamiento nada sano y con un costo emocional muy alto, que conlleva mucho sufrimiento inútil caracterizado por una angustia, una congoja, una aflicción y un dolor que nos enferman con los síntomas físicos ya referidos.

 



Ideas tomadas de Good Grief, de Granger Westberg.

martes, 18 de agosto de 2020

La Alegría

 Por: Pbro. Silvio Marinelli

La alegría es un estado interior fresco y luminoso, generador de bienestar general, altos niveles de energía y una poderosa disposición a la acción constructiva. Quien la experimenta, la revela en su apariencia, lenguaje, decisiones y actos.

Algunas de las funciones de la alegría son:

Dar luz y color a la vida, hay quienes le llaman la sal de la vida, es un ingrediente que nos hace sentir bien, nos permite contrarrestar el dolor y el sufrimiento, si bien, el sufrimiento es inevitable, la alegría nos puede ayudar a pasar el momento de una manera más amena.

La alegría puede ser también una forma de mejorar e inicial las relaciones sociales y al mismo tiempo es benéfica para los  estados de salud puesto que los estados de ánimo están directamente relacionados con las emociones, así, al estar más alegres nuestra salud se verá beneficiada.

Nuestro cuerpo produce de manera natural una hormona responsable de aumentar la alegría y de eliminar el dolor, esta hormona recibe el nombre de endorfina.

Cuando la endorfina comienza a proporcionar dosis extras se reduce el dolor físico y aumenta el amor por la vida.

La alegría es positiva cuando ella nos ayuda a comunicar, a desarrollar simpatía y amistad, es buena cuando produce optimismo y creatividad abriendo nuevos horizontes. Generalmente, la alegría nos mantiene jóvenes y espontáneos y puede convertirse en fuente de salud. Nos permite vivir en plenitud.

Sin embargo, también existe un aspecto negativo de la alegría, como cuando la persona se vuelve superficial o cuando a partir de la alegría se ridiculiza a las personas y se pierde el respeto por ellas o por el dolor. Puede ser negativa cuando invade el espacio de quien vive otras emociones.






viernes, 10 de julio de 2020

La tristeza en la nueva realidad virtual


Por: Andrés Andrade Arango

Son momentos de evolución, en los que la vida, el amor y la socialización están cambiando. Al principio, tuve mis reservas para ver la comunicación virtual como manera de sentir esta nueva realidad. En ocasiones pensamos que algo va a ser pasajero, pero me estoy dando cuenta que esto va para largo. Tuve momentos de tristeza y confusión al ver que el amor y el sentimiento de vivir no era lo mismo que antes, pero poco a poco he visto que me estoy equivocando.
Y aceptar una equivocación refleja madurez, a diario veo a personas en una pantalla, y me doy cuenta que la cercanía es la misma; hay personas que lloran de alegría y también de tristeza, solo es hablar y sentir, y verás que todo cambia.  Me da alegría sentir el amor y la calidez de las personas que buscan el bien para sí, y también buscan cómo ayudar a sus cercanos, primero es aceptar nuestro dolor para poder ayudar al que sufre.
Desde el corazón del Centro San Camilo trabajamos para que haya afecto y cercanía con las personas que están sufriendo, tenemos limitadas las manos pero tenemos un gran corazón, que siempre está trabajando, además he visto que la institución en la que trabajo siempre está creciendo para ayudar a más personas; y ahora que tenemos limitada la cercanía física, evolucionamos para acércanos de forma virtual. Son tiempos de cambios, es tiempo de aceptar nuestras limitaciones y también es momento de sentir que amamos a los cercanos de corazón, para que no haya una tristeza y no caigamos en una depresión.
Me ha tocado contestar llamadas de personas que están solas y tristes, con mucha confusión de su futuro y veo que no hablan con otros por miedo de demostrar que son débiles; pero me hago una reflexión: ¿porqué querer demostrar que no sientes, o hacerte el fuerte?, el amor y la tristeza son parte de nuestro afecto. Si tenemos una tristeza o lo contrario, una alegría ¡comunícalo!, no tengas miedo de demostrar quién eres. Habrá momentos de confusión, tristeza o miedo, pero siempre habrá alguien que te apoye, por eso son tiempos de cambio. Aceptar que nos limitamos, nos complicamos solos o nos alejamos solos, es aprender a vivir con el corazón.
Por eso te invito a emprender un cambio en tu vida, siempre hay algo que hacer, siempre es momento de ayudar. Ayudar puede ser algo sorprendente, que te satisface a ser más capaz, más humano y con un gran corazón.



jueves, 2 de julio de 2020

LA ASERTIVIDAD

Tomado de “Diplomado en Habilidades de Relación de Ayuda” del Centro San Camilo, para la Humanización de la Salud




El término asertividad, es relativamente reciente, y ha recibido varias definiciones de las que tomaremos las siguientes:
-          Ser asertivo, significa hacer valer los derechos, expresando lo que uno cree, siente y quiere en forma directa, honesta y de manera apropiada, respetando los derechos y la dignidad de los demás (Jacubowski & Lange, 1978).
-          Ser asertivo, implica actuar bajo la plena convicción de que se tiene el derecho de ser uno mismo y de expresar los propios pensamientos y sentimientos, en tanto se respeten los derechos y la dignidad de los demás (Aguilar, 1988).

Para ser asertivo se requiere:
-          No dar excusas o razones para justificar la conducta propia.
-          Capacidad para cambiar de opinión.
-          Ser responsable de nuestros errores.
-          Saber decir “no sé”.
-          Saber diferir de la opinión de los demás.
-          Saber decir “no entendí”.
-          Saber decir “Yo pienso, que esto no es así”.
-          Saber decir “no”, sin sentirse culpable.

La asertividad, se ubica como punto medio entre dos conductas opuestas: la pasividad y la agresividad.
Podemos poner un ejemplo: Imagina que vas a un restaurante; el mesero te lleva lo que pediste y, al ir a tomar tu bebida, te das cuenta de que el vaso está sucio: en el borde, se ven claramente manchas de pintura de labios. ¿Qué harías?
-          Quedarte callado y tomar del vaso aunque sientas disgusto o asco.
-          Armar un gran escándalo, gritarle al mesero que jamás volverás a ese lugar.
-          Llamar al camarero y pedirle que, por favor, cambie el vaso sucio.
En este ejemplo, la primera respuesta es de tipo pasiva, la segunda es agresiva y la tercera es asertiva. Las dos primeras respuestas, pasiva y agresiva, nos hacen, muchas veces, ineficaces en nuestras relaciones interpersonales, generando ya sea abuso hacia nosotros, o bien, abuso por parte de nosotros hacia los demás, ocasionando tensión, fricciones, estrés y mala comunicación.
Así pues, la asertividad es una herramienta básica de las habilidades sociales.  En la medida en que seamos más asertivos, tendremos mayor posibilidad de establecer comunicaciones interpersonales de calidad, y lograr nuestros objetivos.  Por el contrario, la falta de asertividad es causa de depresión, ansiedad y estrés.

ASERTIVIDAD
-          Expresión directa de las necesidades individuales.
-          Manifestación de los deseos.
-          Formulación libre de las opiniones.
-          Hacer realmente lo que se desea, sin dejar que la presión de grupo o situaciones similares influyan en la determinación de la conducta.
-          Expresión de los sentimientos.
-          Rehusar peticiones que contravengan los intereses o valores personales.
-          Respetar los derechos de los otros.


AGRESIVIDAD
-          Hacer comentarios hostiles, ya sea de manera intencional o “sin querer”.
-          Realizar demandas inapropiadas o fuera de contexto, que no correspondan a la realidad dentro de la cual se está viviendo.
-          Rehusar peticiones de manera hostil.
-          Manipular a otros para salvaguardar el interés propio, o incrementar el beneficio personal.

PASIVIDAD
-          Ausencia o no expresión de las emociones.
-          Falta de defensa de derechos.
-          Falta de decisión sobre sí mismo.
-          Falta de expresión de las opiniones por no contravenir las de otros.
-          Comportamientos que son resultado de la presión de grupo o que no se han generado por consenso mayoritario, aunque contravengan la realidad.
       
                                                                                      
CARACTERÍSTICAS DEL ESTILO PASIVO

Verbalmente:
-          Se disculpa constantemente.
-          Da mensajes indirectos.
-          Disimula, habla con rodeos.
-          Comunicación desconectada de emociones.
-          No encuentra las palabras adecuadas.
-          No dice lo que quiere decir.
-          Habla mucho para justificar su comunicación.
-          Se retiene de hablar por miedo, vergüenza o falso pudor.
-          No habla de sí mismo.
-          Puede llegar a humillarse.

Conducta general:
-          Tiene dificultades para rehusar una petición.
-          Deja que otros abusen de él.
-          No puede expresar sentimientos con libertad.
-          Experimenta culpa al expresar un deseo o inconformidad.
-          Se apena en situaciones comunes.
-          Actúa desde el papel de víctima.
-          No se atreve a realizar reclamos legítimos.
-          Evita, a toda costa, el enfrentamiento de conflictos.
-          Se abruma ante el exceso de demandas de los demás.
-          Pierde fácilmente la espontaneidad.
-          Padece porque da más de lo que recibe.
-          Acumula emociones hasta explotar. 
-          Da demasiada importancia al “qué dirán” / la aprobación de otros.
-          Se bloquea cuando la expresión es necesaria.
-          Hace muchas cosas que realmente no desea.
-          Se conduele ante la poca “valía” personal.
-          Vive exceso de tensión y/o miedo en el intercambio social.
-          Actúa con la esperanza de que los demás adivinen sus deseos.

Tono de voz: débil, tembloroso, volumen bajo, monótono.

Ojos: mirada baja, ojos caídos, ojos llorosos, evita el contacto visual.

Postura: busca donde apoyarse, agachado, mueve la cabeza en forma afirmativa constantemente.

Manos y brazos: temblorosos, los mueve constantemente, manos inquietas y sudorosas.

Las personas que actúan pasivamente, probablemente:
-          Divagan en la comunicación (frecuentemente justificándose);  
-          Evitan frases en primera persona.
-          Usan frases o palabras como: “Quizás…”, “Te molestaría si…”, “Me pregunto si…”, “Me da mucha pena  molestarte…”;
-          Se devalúan: “Creo que no puedo lograrlo…”, “No puedo…”, “No estoy en posibilidad de…”;
-          Usan frases que permiten a los demás ignorar sus necesidades: “No es verdaderamente importante…”,  “No importa…”.

Causas comunes del estilo pasivo:
-          Falta de control emocional, predominio del temor y la ansiedad.
-          Aprendizajes sociales: “no seas egoísta”, “sé humilde”, etc.
-          Sentimiento de poco valor personal.
-          Falta de habilidades sociales.
-          Ignorancia de los derechos asertivos.

Efectos del comportamiento pasivo:
-          Frustración, insatisfacción, acumulación de tensión.
-          Los problemas no se resuelven.
-          Los demás aprenden a abusar.
-          Riesgo de explosiones agresivas posteriores, con el subsecuente sentimiento de culpa.
-          Problemas de salud: gastritis, colitis, cefaleas, etc.
-          Aislamiento.
-          Sobre-responsabilización, cargas excesivas de trabajo.
-          Sentimientos de incomprensión, menosprecio y rechazo.
-          Dependencia.
-          Bloqueos.
-          Deterioro en la autoestima, autoconfianza y seguridad.


CARACTERÍSTICAS DEL ESTILO AGRESIVO

Verbalmente:
-          Comunicación basada en exigencias.
-          Palabras altisonantes.
-          Imposición de opiniones.
-          Usa palabras para dominar.
-          Usa mensajes de “TÚ...”.
-          Habla mucho para no ser contrariado.
-          Habla para llamar la atención.
-          Se sobreestima.

Conducta general:
-          Se muestra rígido e inflexible.
-          Abusa de otros siendo insensible a sus necesidades (sólo importa lo propio).
-          Expresa los sentimientos con tonos y ademanes hirientes.
-          No acepta con facilidad la responsabilidad de sus actos.
-          Dificultad para aceptar críticas.
-          Frecuentemente, actúa a la defensiva.
-          Se enoja con facilidad.
-          Emite críticas constantes.
-          Cree tener siempre la razón.
-          Necesita sentirse superior a los demás.
-          Necesita tener constantemente el control.
-          Quiere que los otros hagan lo que desea.
-          Culpa, juzga y condena a los demás.
-          No reconoce ni acepta los derechos ajenos.
-          No acepta los propios errores, olvidándolos con facilidad.
-          Se siente fácilmente amenazado.
-          Reacciona exageradamente para alcanzar sus objetivos.
-          Se cierra, no escucha, no tolera desacuerdos.
-          Ve únicamente las fallas de los demás.
-          Hace bromas ridiculizando.
-          Etiqueta negativamente a los demás.

Tono de voz: fuerte, grita con frecuencia, voz fría, imperiosa y autoritaria.

Ojos: mirada fija, orgullosa, ojos penetrantes, con frialdad.

Postura: rígida, desafiante, soberbia.

Manos y brazos: señala, empuña manos, movimientos bruscos.

Las personas que actúan agresivamente, probablemente:
-          Hacen excesivo uso de: “Lo afirmo…”;
-          Dan por hechos sus opiniones: “Este intento no funcionará”, “Este reporte da asco…”;
-          Amenazan: “Si no lo haces….”;
-          Devalúan a los demás: “Ésta es sólo tu opinión…”;        
-          Hacen excesivo uso de la palabra “deber”: “Es tu deber…”, “Es tu obligación…”, “Tú debes…”,          “Necesitas…”, “Tienes que…”;
-          Son rápidos para descargar su responsabilidad sobre los demás: “Yo sabía que era culpa tuya…”, “Ya lo había previsto…”, “Sabía que sucedería…”.

Causas comunes del estilo agresivo:
-          Falta de control emocional, predominio de la inseguridad.
-          Incapacidad para empatizar.
-          Experiencias exitosas derivadas de su conducta agresiva.
-          Miedos conscientes e inconscientes.
-          Intolerancia a la frustración.
-          Ignorancia de los derechos asertivos.

Efectos del comportamiento agresivo:
-          Rompimiento del diálogo o hacerlo más difícil.
-          La agresividad provoca sensaciones de incomodidad, ira, resentimiento, temor, tensión, etc.
-          La persona con actitudes agresivas se va quedando sola.
-          Genera situaciones difíciles de manejar.
-          Deteriora la autoestima, auto-confianza y seguridad.


Rosa, Rosa Roja, Trenza, Asertividad





CARACTERÍSTICAS DEL ESTILO ASERTIVO

Verbalmente:
-          Comunica lo que quiere en forma clara, directa, objetiva y sencilla.
-          Expresa sus sentimientos.
-          Utiliza el “YO”.
-          Habla lo necesario, cuando tiene algo que decir.
-          Habla bien de sí mismo si es necesario y conveniente.

Conducta general:
-          Se siente libre de manifestarse tal como es.
-          Puede comunicarse con personas de cualquier nivel.
-          Se orienta activamente en la vida.
-          Acepta o rechaza a las personas, en su mundo emocional.
-          Es emocionalmente libre para expresar sus sentimientos.
-          Puede decir SI o NO, de acuerdo a las circunstancias.
-          Puede ejercer poder, sin necesidad de ser autoritario.
-          Reconoce los derechos de las personas y los respeta.

Tono de voz: firme, cálida, bien modulada, relajada.

Ojos: ojos expresivos, mirada franca, abierta, directa.

Postura: bien balanceada, derecha, relajada, tranquila.

Manos y brazos: movimientos relajados, naturales, agradables.

Las personas asertivas se expresan con frecuencia de esta manera:
-          Hacen afirmaciones breves y apropiadas: “Yo pienso...”, “Yo creo…”, “Me gustaría...”, “Yo quisiera...”, “Necesito...”,
-          Distinguen claramente entre hechos y opiniones: “Según mi experiencia...”,  “Mi opinión es…”, “A mí parecer...”;  
-          Evitan  expresiones como “Tú debes...”, “Tú deberías…”,  “Tú eres...”;  
-          Utilizan preguntas abiertas y claras para descubrir los pensamientos, las opiniones, y los deseos ajenos:            “¿Qué opinas sobre…?”, “¿Qué piensas en relación con…?”;  
-          Buscan soluciones a los problemas: “¿Qué podemos hacer para…?”, “¿Qué puedo hacer…?”, “¿Qué sucedería si…?”.

¿QUÉ DIFICULTA LA ASERTIVIDAD?
-          POBRE AUTOESTIMA: nos limita para conocernos, saber cuáles son nuestras necesidades, deberes y derechos.
-          DEFICIENTE MANEJO DE EMOCIONES: si nuestras emociones están fuera de control, o totalmente reprimidas, no sabremos dar una respuesta adecuada a las demandas del medio ambiente.
-          CREENCIAS RESTRICTIVAS: adquiridas durante nuestra infancia: “interrumpir a los demás es falta de educación”; “nuestros problemas son nuestros, y no interesan a los demás”; “hay que adaptarse a los demás o nos arriesgamos a quedarnos solos”; “hay que ayudar siempre a los demás, o seremos unos egoístas”, etc.


¿CÓMO SER MÁS ASERTIVOS?
Como todas las habilidades sociales, la asertividad puede aprenderse, entrenarse y mejorarse;  por lo que se requiere de tiempo y esfuerzo personal.  En general, el entrenamiento consta de 6 etapas:

  1. Identificar nuestro estilo básico de conducta interpersonal: en este punto, habrá que prestar atención a nuestras conductas, actitudes y manifestaciones en las actividades cotidianas; así podremos identificar si son del estilo asertivo, agresivo o pasivo.
  2. Identificar el contexto en el que queremos ser más asertivos: aquí se revisan las situaciones en que tenemos fallas y cómo podemos mejorarlas.  Esto se hace en base a los resultados (positivos o negativos), obtenidos de nuestras interacciones.
  3. Identificar las situaciones problemáticas: se analizan las situaciones en su totalidad: quién, qué, cómo.  Cuáles pensamientos negativos interfieren y qué objetivos queremos conseguir.
  4. Escribir un guión, para el cambio de nuestra conducta: prácticamente es escribir la historia que queremos que se desarrolle, visualizándonos y escuchándonos tal y como quisiéramos estar.
  5. Desarrollo del lenguaje corporal adecuado: aquí se aprenden técnicas sobre el lenguaje no verbal, específicamente:
- La mirada (aprender a mirar a nuestro interlocutor de manera directa, aunque no insistente).
- La distancia interpersonal, que variará de acuerdo a la situación específica.  Según Eduard T. Hall existen: distancia íntima (0 – 50 cms.), para relaciones amorosas y familiares; distancia personal (50 – 125 cms.), es la que usamos para sentirnos cómodos, nuestro espacio personal; distancia social (1. 25 – 3.5 mts.), usada para trabajar en equipo o para relaciones sociales ocasionales; y distancia pública (más de 3.5 mts.) la que nos aleja de los desconocidos, por ejemplo, al caminar por la calle.
- La postura corporal, en especial nuestros brazos, piernas y orientación (inclinados hacia delante o atrás), influyen; por tanto hay que cuidarlos según el mensaje que pretendemos dar.
  1. Aprender a identificar y evitar las manipulaciones de los demás: las personas utilizan la manipulación, consciente o inconsciente, para hacernos sentir culpables, evitar la conversación o victimizarse.  Es importante observar, discernir y aprender técnicas para resistir este influjo.

CONCLUSIONES
Ser asertivo, no depende sólo del aprendizaje de algunas técnicas, sino del nivel de autoestima que hayamos adquirido. Si éste es bajo hay dos consecuencias:
-          Un comportamiento pasivo, o
-          Un comportamiento agresivo.

La persona asertiva, pues, tiene estas características:
  1. Se siente libre para manifestarse, ya sea mediante palabras y/o actos. Más o menos, su mensaje es: «Éste soy yo, y esto es lo que yo siento, pienso, y quiero».
  2. Puede comunicarse con personas de todos los niveles –amigos, familiares, y extraños–, y esta comunicación es siempre abierta, directa, franca y adecuada.
  3. Tiene orientación activa en la vida. Va tras lo que quiere, y, en contraste con la persona pasiva, que aguarda a que las cosas sucedan, intenta hacer que sucedan las cosas.
  4. Actúa de un modo que juzga respetable. Al comprender que no siempre puede ganar, acepta sus limitaciones. Sin embargo, siempre lo intenta con todas sus fuerzas, de modo que, gane, pierda o empate, conserve su propia autoestima.
  5. Sabe controlarse y no deja que los demás lo controlen.
  6. Distingue sus derechos legítimos, los defiende e impide que le sean usurpados, pero también reconoce los derechos de los demás y el respeto de los mismos.
  7. Expresa sus emociones, ya sean de cólera o de ternura.
  8. No manipula con su conducta. La asertividad, consiste en profundizar la experiencia y la expresión de la humanidad, no en convertirse en un artista del engaño.
  9. Sabe decir “no”, cuando quiere decir no, porque sabe que las consecuencias del no saber decir que no: lo llevan a actividades que le hacen a uno perder el respeto por sí mismo; lo llevan a sentirse abrumado al hacer cosas que no desea o no puede o no tiene energías para hacer; le permite que los demás lo exploten, y crece el resentimiento; contribuye a la falta de comunicación con los demás (pues dice «sí» cuando quiere decir «no»).

Ser asertivo, es un requisito indispensable en la relación de ayuda, por lo tanto, será necesario saber manejar las propias emociones, en situaciones extremas de dificultad y conflicto.