martes, 20 de octubre de 2020

RESILIENCIA Y DESGASTE EN EL CUIDADOR

 

Desde el momento en que se diagnostica una enfermedad crónico degenerativa, se debe hablar de los cuidados paliativos, con el objetivo de brindar calidad de vida a personas con enfermedades de larga evolución, en donde se presenta temor al abandono, a la soledad, miedo a la invalidez y a tener que depender de los demás para llevar a cabo sus necesidades psico-fisiológicas y espirituales, padeciendo dolencia habitual, y múltiples situaciones estresantes en el individuo, hasta llegar al final de la vida. Para lograr este objetivo de brindar la calidad de vida, se requiere de un equipo multidisciplinario, el cual abarca los aspectos físico-biológicos, sociales, emocionales y espirituales de un paciente crónico degenerativo.

            Parte de este equipo multidisciplinario es el cuidador, que es la persona o institución, que asume primariamente la responsabilidad para abastecer acciones de soporte a los pacientes. Un 85% de los cuidadores son mujeres de edades que oscilan entre los 45 a 60 años, y están sometidos a una situación continua de estrés que incrementa su vulnerabilidad biológica. Son los encargados de entender señales o pistas de dolor, desaliento, urgencia, alegrías, carencias, etc. Son como los detectives que están en busca de una señal que inconforme o incomode al paciente. Contraen una carga física y psíquica, se responsabilizan de la vida del paciente, en cuanto a la medicación, higiene, alimentación, etc., en consecuencia se va perdiendo paulatinamente su independencia, porque el paciente le absorbe cada vez más y se desatiende a sí mismo, no tomando el tiempo necesario para su propia vida.

            Existen dos síndromes de los cuidadores: 1.-Sobrecarga del cuidador y 2.-Sindrome de Burnout. El primero se presenta en los cuidadores que son familiares y el de Burnout se presenta en los que tratan con personas, es decir, que parte de su labor es el trato con personas, así como los trabajadores de la salud. Son realmente situaciones similares y ambos presentan la  misma sintomatología, lo que los distingue es la remuneración económica (Burnout es por trabajo) a diferencia de la sobrecarga de trabajo. Otra diferencia es el estriba en los sentimientos que se tienen hacia el paciente siendo cuidador por trabajo o por compromiso familiar; y por último la diferencia es que se han realizado investigaciones de Burnout sólo en trabajadores que laboran con personas, tales como a enfermeros, médicos, maestros, etc.

            Existen señales de alerta para estos síndromes las cuales son:

v  Problemas de sueño.

v  Perdida de la energía, fatiga crónica, sensación de cansancio continuo, etc.

v  Aislamiento.

v  Consumo excesivo de bebidas con cafeína, alcohol o tabaco.

v  Consumo excesivo de pastillas para dormir u otro medicamento.

v  Problemas físicos como: palpitaciones, temblor de manos, molestias digestivas, etc.

v  Cambios frecuentes del humor.

v  Desinterés en su arreglo.

            Debemos estar alertas  si observemos varias de estas señales en los cuidadores, ya que por lo general son vistas por otras personas y no por él mismo. Por esta razón hay que darle a notar lo que está presentando para hacerlo consiente y derivarlo con expertos de la materia, para evitar un mayor daño físico o psicológico y  poder brindar el cuidado que el paciente requiere.

            Claro que los seres humanos tenemos la capacidad de la resiliencia en el Síndrome del Cuidador o el Síndrome de Burnout. Una de las formas de hacer la resiliencia es conocer los derechos de los cuidadores, con la finalidad de llevarlos a cabo a nivel preventivo y/o curativo, siendo estos:

q  El derecho a dedicar tiempo y actividades a sí mismos sin sentimientos de culpa.

q  El derecho a experimentar sentimientos negativos por ver al enfermo o estar perdiendo a un ser querido.

q  El derecho a resolver por sí mismos aquello que seamos capaces y el derecho a preguntar sobre aquello que no comprendan.

q  El derecho a cometer errores y a ser disculpados por ello.

q  El derecho a ser reconocidos como miembros valiosos y fundamentales de

la familia, incluso cuando sus puntos de vista sean distintos.

q  El derecho a “decir NO” ante demandas excesivas, inapropiadas o poco realistas.

q  El derecho a seguir con la vida propia.




sábado, 10 de octubre de 2020

La Muerte: lo real fantástico

 Por: Yolanda Zamora

Una de las tradiciones mexicanas más difundidas es la Muerte; así, con mayúsculas: La Muerte.

            Y es que la Muerte, para el mexicano, no reviste el drama y la solemnidad de otras culturas, la europea, por ejemplo, para las que hablar de muerte es prohibitivo, como si con ello se borrara la amenaza ineluctable del morir.  En cambio, los mexicanos desde niños, jugamos con la muerte, nos la comemos en “calaveritas de azúcar” decoradas, nos reímos de ella llamándole La Pelona, La Flaca, La Chirrifusca, La Siriquisiaca, La huesada, o La Catrina… entre otros epítetos.

Con la muerte bromeamos y hasta la hacemos bailar, “muerte rumbera”, convirtiéndola en marioneta y atándole con hilos sus huesos blancos y fosforescentes, en las carpas de los circos y en las ferias, en los parques… mientras los niños, lejos de asustarse, estallan en carcajadas sentados en sus sillas de madera con patas de tijera.

           Y es que, para el México prehispánico, en el marco de la cultura Náhuatl, la muerte era expresada en mitos diversos, pero siempre en forma creativa y trascendente, como los poemas que le cantan a lo efímero de la vida. Recordemos al rey poeta Netzahualcóyotl (1402-1472), Tlamatinime “Maestro en las cosas divinas y humanas”:

 

Yo Netzahualcóyotl lo pregunto: / ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra? / Nada es para siempre en la tierra: / Sólo un poco aquí. / Aunque sea de jade se quiebra, / Aunque sea de oro se rompe, / Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra. / No para siempre en la tierra: / Sólo un poco aquí.

 

Las crónicas dan testimonio de los lugares de los muertos en el mundo Náhuatl: Tlalocan, Mictlán, Tlatilpac… a donde iban a morar los fallecidos según hubiese sido su vida y, sobre todo, según fueran las circunstancias de la muerte y de acuerdo con la edad del difunto.  Y, así como para los griegos el inframundo pertenece a su dueño y Señor, Hades, con su mujer Perséfone (a quien, dicho sea, raptó sin decirle ¡agua va!), para los indígenas prehispánicos el lugar de los Muertos era gobernado por Mictlantecutli y su señora esposa Mictecacihuatl.

Con la llegada de los españoles, (la espada y la cruz), la evangelización y la resistencia a la imposición de creencias y hábitos de vida por parte de los indígenas, se propició un sincretismo que mezcló: rituales con ritos, salmodias con oraciones, creencias mágicas con dogmas de fe, ídolos con santos, castigos y recompensas…

 ¿El resultado?  La preeminencia de una tradición mexicana de extraordinaria riqueza que perdura hasta nuestros días, y que va de lo real de la muerte, a lo fantástico de los mitos, y convoca todas las expresiones artísticas: la poesía, la música, la gastronomía, la escultura, los cantos, la decoración, la pintura, el teatro, la artesanía… Prácticamente todas las artes convergen para hacer de la muerte mexicana una obra de creación colectiva y una manifestación de cultura popular de múltiples colores y formas, hasta alcanzar, como decía, lo fantástico.

Es la muerte mexicana, única y diferente, divertida y coqueta, provocadora y cínica… ¡es la muerte, enseñoreada de vida!

La alegría en relación con la muerte es, ciertamente, inexplicable para otras culturas. Más no para los mexicanos. Alegría que permea hasta niveles carnavalescos:

 

Por aquí pasó la muerte / con su aguja y su dedal / preguntando dónde vive / la reina del carnaval…/

 

Por supuesto que cabe la pregunta: ¿De verdad los mexicanos no le tenemos miedo a la muerte? O bien, por el contrario, existe ese temor y es tan grande, que optamos por convertirlo en juego y “llevarnos bien con la señora Muerte”. 




jueves, 3 de septiembre de 2020

Las festividades de los muertos en diferentes partes del mundo

 Por Biol. Fabiola Navares

A lo largo de la historia del hombre y de las múltiples culturas que han surgido en todo el mundo, sabemos que todas en algún momento honran a sus difuntos. Y estas festividades se hicieron más laboriosas conforme  las sociedades se hicieron más complejas.

Las festividades de los muertos no sólo se relacionan con el honor a los muertos, sino también con los ciclos de inicio de algunas cosechas. Por ejemplo, en la huasteca inicia  a finales de septiembre y concluye en noviembre; esta celebración está relacionada con la cosecha del frijol y del maíz y con el temporal de lluvias. En la actualidad, en México el 2 de noviembre es día de los fieles difuntos o día de los muertos.

En las comunidades indígenas, quien erige un altar de muerto son las  mujeres, pero éstas tienen que reunir ciertos requisitos  como el no estar en su periodo menstrual. Ellas se encargan de hacer toda la comida y  los adornos. No es permitido se coman las viandas so pena de enfermarse.  Cuando el difunto llega al compartir las viandas, éste toma la esencia de los alimentos y se la lleva agradecido. Si la comida - al ingerirla los familiares - no sabe a nada quiere decir que el alma del difunto realmente estuvo con ellos y se alimentó de los mismos.

En México, la planta que representa el día de muertos es el  cempasúchil o flor de los 400 pétalos. Los mexicas creían que los difuntos, debido al olor fuerte de esta flor,   encontrarían el camino a sus hogares.

Los Celtas que habitaban Gran Bretaña y Francia llamaban a estas festividades Samhain, que marcaba el final del verano, y por tanto de la cosecha, y el comienzo del solsticio de invierno y del año celta. Para los celtas el cambio de estaciones y las cosechas adquirían un significado mágico, por eso ese día celebraban “La Fiesta de los muertos”. Ellos utilizan las manzanas asadas en estos días. 

Creían que durante ese día los muertos atravesaban el límite que separaba un mundo de otro, y les visitaban. Los habitantes de los pueblos dejaban alimentos fuera de sus casas para complacer a los espíritus, ya que si no accedían a sus deseos podían ser presa de maldiciones y horribles conjuros. Los druidas (sacerdotes) celtas se vestían de una manera especial, pensando que así facilitaban la conexión entre este mundo y el del más allá y que los muertos vendrían a entregar mensajes a los vivos.

En Haití el dos de noviembre se festeja el día de todas las almas y en Puerto Príncipe la gente se reúne para visitar a sus fieles difuntos en los cementerios. Las personas dejan como ofrenda granos de café, ron, cacahuates, frijol negro, maíz y panes. La sacerdotisa en ocasiones sacrifica una gallina, regando la sangre en la tumba y en la cruz, prediciendo supuestamente el futuro que los depara a los familiares del difunto.

En China al festejo se le conoce como Ching Ming (Recuerdo de los días de los ancestros) y da comienzos el 4 o 5 de abril, 10 días antes y 10 días después del Chin Ming. En ella participan los jóvenes y se dan a la tarea del arreglar, quitar la maleza, pintar y volver a adornar las tumbas de sus fallecidos. Con una visión más espiritual  se reúnen para comer alrededor del difunto, ofreciéndole los alimentos que al difunto le gustaba (similar a los mexicanos) y rezarle diversas plegarias. Al final se quema dinero, como símbolo de prosperidad. Deben de colgar ramitas de sauce en sus puertas pues es símbolo de luz y en ese día no deben de cocinar con fuego. Por lo que se le conoce también como "el día de la comida fría".

En África existe un sinfín de ritos ceremoniales y festejos en torno a los difuntos y  varían de acuerdo a la etnia, el rango social y si era hombre, mujer o niño. En muchos pueblos se tiene la costumbre de arrojar un poco de agua y comida al suelo todos los días, forma simbólica de decir que los muertos siguen presentes y que se les ha alimentado. En otras etnias el jefe de la tribu cada ocho días dará parte de su comida como ofrenda y cada siete años sacrificará una cabra y rociará con su sangre las imágenes de los difuntos o los pilares de arcilla que los representan. En otras comunidades se tiene prohibido llorar, pues el alma del difunto se puede ver sumamente afectada. En Madagascar entre los nativos tienen la costumbre cada cinco años de desenterrar a cierto número de difuntos y colocárselos en los hombros moviendo sus brazos y piernas dando un recorrido de baile pues el muerto ha retornado entre ellos.

En Japón, el Día de Muertos, u Obon como se le conoce, se  celebra en agosto. También se le conoce como "El día de las linternas"; que comparte algunas tradiciones con nuestra celebración como las ofrendas para dar fuerza a las almas que vienen a visitarnos. Las linternas son usadas en las fachadas de las casas para alumbrar el camino de los espíritus. Una vez que ese día ha pasado, las linternas se depositan en el río para que guíen las almas de vuelta al más allá.

A pesar de que quisiéramos borrar de nuestra mente la existencia de la muerte, existen aún culturas que nos enseñan que lo ideal es vivir este último ciclo de nuestra existencia de una forma natural y sana y enseñar a verla de esta forma a nuestros jóvenes y niños. Solo una cosa es verdad: todos nos vamos a morir. 



viernes, 28 de agosto de 2020

SÍNDROME DE BURNOUT DEL CUIDADOR.

 Por. Psic. Cliserio Rojas Santes

La situación del cuidador con restricciones en su vida social, en su estado de salud, en su tiempo libre, en sus aficiones, en su intimidad, etc., perturba de modo intenso su equilibrio personal y familiar, dañando gravemente la relación intrafamiliar y experimentando una profunda sensación de soledad. Se puede desarrollar un síndrome de "fatiga crónica" o "Síndrome de Burnout", que puede interferir en la calidad de los cuidados proporcionados el enfermo.

 

Las manifestaciones principales del "Síndrome de Burnout" son:

- Síntomas depresivos: trastornos del sueño, tristeza, fatiga que no corresponde a la actividad, incapacidad para concentrar la atención, perdida de interés en actividades previamente placenteras, cefaleas, enlentecimiento del pensamiento, energía, anhedonia.
- Cambios de humor, agresiones verbales y expresiones de crueldad.
- Síntomas físicos: molestias abdominales, mareos, síntomas cardiovasculares y respiratorios.
- Consumo de alcohol o drogas.

La situación de agobio que vive el cuidador es la causa principal de la institucionalización en pacientes dependientes como los ancianos.

Las necesidades más importantes del cuidador son:

1. Información: el cuidador necesita aumentar sus conocimientos sobre la enfermedad, sus cuidados, complicaciones, etc.
2. Formación: desarrollo de habilidades de comunicación, afrontamiento de= estrés, cuidados al paciente.
3. Apoyo emocional: el cuidador desea recibir afecto, comprensión y apoyo de otras personas de su círculo social. El apoyo puede llegar de grupos de apoyo constituidos por personas que han vivido situaciones similares y por tanto hablan el mismo lenguaje que los "cuidadores".
4. Periodos de descanso- hay que buscar fórmulas que permitan al cuidador momentos de descanso (mañanas, vacaciones, fines de semana). Se puede recurrir a centros de día, ONGS, voluntariado, asociaciones de familiares, cuidadores profesionales, etc.
5. Otras: económicas, ayuda en el cuidado físico, ayuda en funciones domesticas, etc.

3.- Otros sistemas de apoyo social.

 

Al hablar de la situación de una persona responsable de los cuidados de un familiar, hemos citado la posibilidad de desarrollar un síndrome de agotamiento denominado "síndrome de burnout" o estar quemado. En los profesionales dedicados al cuidado continuado de un paciente, también puede surgir esta manifestación. Los más susceptibles de ser afectados por este síndrome,  son los miembros de equipos dedicados a cuidados paliativos con pacientes en situación grave o terminal. El agotamiento laboral afecta al personal sanitario cuando éste se ve desbordado por las numerosas exigencias que plantea el cuidar estos pacientes. Puede surgir una reacción de estrés cuando percibimos una situación o suceso que nos resulta amenazante y que al respecto evaluamos que no poseemos los recursos necesarios para su adecuada superación. Tenemos una sensación de irritabilidad y perdida de energía física, sentimientos de baja autoestima y de no eficacia. El sentirse indefenso será el último eslabón de esta cadena. Cuando se repiten estas situaciones, el riesgo de agotamiento es casi inevitable. El cuidador pierde el entusiasmo por el trabajo y las consecuencias para su salud pueden ser muy negativas. Pese a sus efectos devastadores, el síndrome de agotamiento suele pasar desapercibido, siendo más fácil de reconocer en otra persona que en uno mismo. Muchos cuidadores piensan que reconocer ante los demás sus reacciones de estrés, es admitir su incompetencia, lo que puede exponerle a sentimientos adicionales de perdida de la propia autoestima, ya seriamente afectada.




martes, 18 de agosto de 2020

La Alegría

 Por: Pbro. Silvio Marinelli

La alegría es un estado interior fresco y luminoso, generador de bienestar general, altos niveles de energía y una poderosa disposición a la acción constructiva. Quien la experimenta, la revela en su apariencia, lenguaje, decisiones y actos.

Algunas de las funciones de la alegría son:

Dar luz y color a la vida, hay quienes le llaman la sal de la vida, es un ingrediente que nos hace sentir bien, nos permite contrarrestar el dolor y el sufrimiento, si bien, el sufrimiento es inevitable, la alegría nos puede ayudar a pasar el momento de una manera más amena.

La alegría puede ser también una forma de mejorar e inicial las relaciones sociales y al mismo tiempo es benéfica para los  estados de salud puesto que los estados de ánimo están directamente relacionados con las emociones, así, al estar más alegres nuestra salud se verá beneficiada.

Nuestro cuerpo produce de manera natural una hormona responsable de aumentar la alegría y de eliminar el dolor, esta hormona recibe el nombre de endorfina.

Cuando la endorfina comienza a proporcionar dosis extras se reduce el dolor físico y aumenta el amor por la vida.

La alegría es positiva cuando ella nos ayuda a comunicar, a desarrollar simpatía y amistad, es buena cuando produce optimismo y creatividad abriendo nuevos horizontes. Generalmente, la alegría nos mantiene jóvenes y espontáneos y puede convertirse en fuente de salud. Nos permite vivir en plenitud.

Sin embargo, también existe un aspecto negativo de la alegría, como cuando la persona se vuelve superficial o cuando a partir de la alegría se ridiculiza a las personas y se pierde el respeto por ellas o por el dolor. Puede ser negativa cuando invade el espacio de quien vive otras emociones.






miércoles, 12 de agosto de 2020

La Importancia del Silencio

 

         Existe en muchas personas un gran miedo a estar en silencio; sin embargo hay muchas otras que lo toleran y otras tantas que lo disfrutan... ¿Cuáles podrían ser las razones de esto?, y, ¿Cuáles los posibles beneficios?

      Hoy en día existe mucho ruido a nuestro alrededor: cuando no está la televisión prendida, será el radio,  la música, el teléfono,  los amigos, en fin; cuesta mucho trabajo encontrar esos minutos de silencio, y así al no tener esos ratos de paz entre tanto alboroto nos vamos acostumbrando a convivir con el ruido y nos vamos desacostumbrando a esos momentos en tranquilizad y, cuando éstos llegan, nos toman desprevenidos, y les tenemos miedo, causan una sensación extraña, de aburrimiento, de soledad; y entonces rápidamente buscamos algún distractor y así se huye constantemente del silencio.

    Hay otro grupo de personas que, cuando las toma desprevenidas el silencio, lo aguantan estoicamente y simplemente lo toleran porque no tienen de otra; no tienen el miedo de las que mencionamos antes pero tampoco buscan esos momentos de silencio.

      Y existe un tercer grupo, al que le gusta estar en silencio, que disfrutan esos momentos, que buscan entre la vorágine del día esos ratos a solas con ellos mismos: a esta gente le gusta reflexionar, pensar, estar con ellos mismos, quizá en muchas ocasiones ellos mismos sean su mejor compañero.

     Creo que al ser sociales es muy importante la interacción con las personas, con la sociedad, con el mundo que nos rodea; pero igualmente es muy importante entrenarse para poder disfrutar y aprender en el silencio, ya que nos  puede traer muchísimos beneficios, empezamos a conocernos mejor a nosotros mismos, a ir metiéndonos en lo más profundo de nuestro ser, y, al poder observarnos desde un perspectiva externa, podemos empezar a crecer, a ser más conscientes de lo que hacemos, y a analizar mucho más las cosas que suceden a nuestro alrededor, a apreciar lo bueno que tenemos cerca y a darnos cuenta que muchas veces lo que se veía muy mal, resulta que no fue tan malo e inclusive se puede obtener un beneficio: qué importante es el silencio, apreciar todo lo que nos rodea, poder escuchar el viento, los pájaros, oler la lluvia, ver un amanecer, observar las texturas de los árboles, las plantas; en fin tantas cosas bellas que nos acompañan diario.

        Al ir entrenándonos en el disfrute del silencio,  seremos mucho más conscientes del momento y vamos a poder disfrutar cada instante que vivimos, que es lo que realmente tenemos en la vida; la secuencia de momentos,  y  así podremos entrar en una espiral en donde aprendemos en el silencio y disfrutamos en el ruido de la vida, que sucede todos los días.

      Merece mucho la pena ir quitándose de todos esos ruidos que nos distraen de la vida; apaguemos los televisores, dejemos de lado los celulares para hablar más, ya sea con los seres queridos que están cerca o con el ser más querido que debes de ser tú mismo; tienes la obligación de llenarte de ti, para que una vez lleno puedas desparramar a los demás; evitemos todos esos ruidos distractores y empecemos a disfrutar el estar con uno mismo. 

Todo ese disfrute nos está esperando y es gratis, sólo busca en tu interior y poco a poco te hablará, hasta que un día no le pare la voz a ese ser interno.

          En el silencio también encontramos a Dios, nos llenamos mas nuestro espíritu, alimentamos esa otra parte de nuestro ser que es al alma: Dios escogió esta forma para hablarnos en la aridez del silencio.

     ¡Aprendamos a disfrutar el silencio!







martes, 4 de agosto de 2020

La Tanatología Educativa

 

Por. Mtro. Omar Olvera Cervantes

Últimamente podemos constatar el producto de las diferentes propuesta educativas que han variado casi cada sexenio, al menos en nuestro país, lo cual ha generado brechas culturales intergeneracionales y eso sin mencionar todavía el aspecto informal pero altamente efectivo de la reeducación desde los medios masivos de comunicación que se han extendido gracias al internet y la telefonía celular que nos permite participar y generar información en tiempo real, que inmediatamente es compartida y replicada, teniendo un impacto consiente e inconsciente en la continua configuración de la conciencia social. A este factor se agregan los modelos mercadológicos que definitivamente han creado un tipo de conciencia egoísta y pragmático implantando una mentalidad del desecho.

Un aspecto deficiente que se va convirtiendo en tendencia es en nuestra cultura occidental es la incapacidad de detenernos a contemplar aspectos de tipo trascendente, que no son prácticos y que además son improductivos en términos materiales y que tienen que ver con una realización más profunda de la vida. Se promueve una negación de los límites humanos, por eso cuando aparecen la enfermedad o la muerte nos conflictuamos de una manera desproporcionada, ya que aun siendo elementos propios de la vida no se les considera y por ello cuando aparecen se convierten en fuentes de conflictos y patologías.

La tanatología educativa trata de incluir la perspectiva existencial completa, no sólo las habilidades que nos hacen funcionales en una sociedad construida para producir y consumir. Se propone incluir en los modelos educativos formales e informales la perspectiva de la muerte, para considerar nuestros límites naturales de forma consiente.

Esta propuesta considera que, al incluir estos conceptos, se puede lograr que cada sujeto valore su propia vida y sus relaciones desde una postura más integral, al mismo tiempo que su capacidad resiliente ante las adversidades puede fortalecerse dándole herramientas para superarse y ampliar la calidad de sus relaciones, considerando nuevos sentidos para su vida desde una postura llena de esperanza. 

En la antigüedad el tema de la muerte no era omitido. Se ve en la experiencia de los grandes maestros espirituales monásticos, que el considerar la muerte propia cada noche evaluando sus propios actos, confrontándolos con la posibilidad de morir les daba la oportunidad de ser mejores, de ser más libres. Es ver la muerte desde lo holístico, lo humano y lo complejo.

No tiene nada de malo aceptar los límites del actual modelo educativo. Se trata de darnos cuenta de que lo que ya se está haciendo se puede mejorar incorporando nuevos aprendizajes que vayan más allá de la capacitación técnica, que le den oportunidad a cada persona de considerar sinceramente otras realidades humanas, que generarían vidas de con más calidad y compromiso.

La persona humana se mira como una realidad compleja que tiene en su horizonte de realización la vida con los otros con los que forma una sociedad y genera cultura, que además no sólo vive para desaparecer porque es una realidad trascendente.

El concepto de educación para la muerte es algo más; no es intervención psicológica en desastres y catástrofes, no es atención en cuadros de estrés postraumático, ni se ocupa de lo que corresponde una psicoterapia en casos de duelo no superado. Es una apertura para la formación, que se apoya y construye desde la muerte como un ámbito de extraordinario potencial formativo. Es un camino para conectar la educación ordinaria con la educación de la conciencia.  

Se hace pertinente, entonces, tener propuestas que pongan por delante este nuevo paradigma, subrayando una idea ya antes dicha: la educación debe ser algo más complementario y holístico, no sólo respecto a su deseo de instruir a las personas para desempeñarse de forma eficiente en su comunidad sino, respetando el sentido profundo del significado de la vida humana como trascendencia.